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Los restos en la cueva podrán desvelar el origen de la población talayótica


La gruta descubierta, bautizada como Sa Cova des Pas, contiene restos de materia orgánica


C.MARQUÈS
¿Es posible reconstruir la auténtica cara de las personas que poblaron Menorca hace 3.000 años? El Servei de Patrimoni del Consell insular y los tres espeleólogos que acaban de descubrir en el centro de la isla una cueva funeraria con restos humanos de excepcional importancia, tienen fundadas esperanzas de que pueda ser así.


El conseller de Educació i Cultura, Mateu Martínez, y los espeleólogos Pere Arnau, Josep Riera y Mónica Zubillaga confirmaron ayer en la sede del Consell el hallazgo de un cementerio talayótico con restos humanos y orgánicos de una importancia idéntica, y muy posiblemente superior, a los restos excavados en las cuevas de Es Càrritx y Es Mussol, en Ciutadella.


El descubrimiento se produjo el pasado 10 de abril. Los restos aparecieron en una cueva suspendida en un acantilado de difícil acceso en el centro de la isla.


La cavidad es, en realidad, un yacimiento funerario con una única y pequeña sala de unos 5 x 5 metros, que se utilizaba para hacer enterramientos. Los restos encontrados en el lugar -cabellos humanos adosados a un cráneo y restos de materia orgánica, posiblemente piel humana o animal, adheridos a los huesos- aparecieron semienterrados encima de lo que, sin duda, es parte de una parihuela de madera que se adentra bajo tierra. Una circunstancia que hace de este descubrimiento algo excepcional a nivel científico, no sólo en Menorca, sino en todo el mundo.


Sus descubridores -la espeleóloga y arqueóloga vasca Mónica Zubillaga y los espeleólogos Pere Arnau y Josep Riera- han bautizado la cueva como sa Cova des Pas, en alusión al obstáculo que se vieron obligados a sortear en el camino hacia la cavidad, antes de pisar su superficie.


Parte de los materiales que aparecen en la sala son observables a simple vista, mientras que el resto se hunden bajo tierra. Entre los materiales que sobresalen, destaca lo que parece ser parte de una parihuela de madera que los primitivos pobladores de la isla utilizaron para transportar a sus muertos desde el poblado hasta la cueva, muy posiblemente utilizando andamios o escaleras.


Sobre la parihuela, aparecen restos óseos humanos que se corresponden con un pie articulado junto a una tibia que desaparece bajo la tierra. Todo esto indica, según Pere Arnau, que existe una persona tumbada sobre la pieza de madera. Más arriba asoma parte de un cráneo con cabellos adosados a él. Los estudiosos ignoran, de momento, si pertenecen a la misma persona enterrada sobre la parihuela o a otra. Al tratarse de un yacimiento funerario, es de esperar que aparezcan los restos de otros individuos. Junto a los huesos de la pierna, se han hallado, por otro lado, restos de tejido orgánico, que podrían corresponder a piel humana o a un tejido (una tela) que cubriera el cuerpo del difunto. Esta materia orgánica, que podría corresponder también a la piel de un animal, actúa a modo de forro, recubriendo el hueso.


Los restos descubiertos en sa Cova des Pas corresponden, con bastante probabilidad, a la época talayótica. Los expertos remiten, de entrada, la datación cronológica de los materiales al período comprendido entre el 1.200 y el 500 a. de C. La excavación de los restos permitirá afinar éste y otros datos. La cueva está intacta, aunque una parte de ella ha sido destapada, con toda seguridad, por efecto del viento y de la entrada de animales, lo que hace más incomprensible aún cómo han podido conservarse tan bien durante 3.000 años.
Diario Última Hora Menorca, 13 de mayo de 2005.
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