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Meditación en el Temple

CARLOS GARRIDO

En las últimas semanas se ha hablado muchas veces del conjunto del Temple. Destaca sobre todo como un conjunto de época almorávide, trasformado después tras instalarse allí la orden del Temple. Pero cuando hablamos de este monumento todos pensamos automáticamente en su magnífica estampa, sus dos torres
supervivientes (originariamente hubo una docena), y el portal de entrada de la antigua Almudaina de Gumara. Y nos olvidamos de la iglesia que existe en su interior, una edificación recoleta y de gran interés.
Cuando el visitante penetra por el arco del Temple le parece franquear el paso del tiempo. Algunos gatos le contemplan con una mezcla de curiosidad y disgusto. Se escucha el murmullo de algún árbol, y allí dentro el ruido exterior queda amortiguado. Al final del pasadizo una puerta decimonónica, que imita el románico, nos da acceso al atrio de la capilla. 
Aquí sí que puede uno detenerse, respirar, llevar a cabo una meditación en el atrio. Porque no se escucha más que el rumor lejano del mundo exterior. La luz se filtra por la puerta y da una claridad indirecta a los grandes arcos y la cubierta de vigas, que en este lugar reproducen el esquema de las primeras iglesias que
hubo en Mallorca tras la conquista cristiana.
La capilla del Temple es una de las construcciones cristianas más antiguas de la isla, ya que data del siglo XIII. En su interior, que suele estar cerrado, se conserva una de las pocas muestras de románico mallorquín: el arco de medio punto con cordones decorados geométricamente que enmarca la capilla lateral. Pero aunque no podamos acceder a su interior, vale la pena permanecer un rato en silencio contemplando el portal de acceso a la capilla. Es un sencillo arco ojival, ya muy desgastado, con archivoltas y dos capiteles en forma de cabezas humanas. Parecen representar ángeles, y todavía nos contemplan con un gesto enigmático. En algunos tramos se conserva la decoración en pequeños cubos que se repite en el interior. 
El encanto de este enclave reside en la atmósfera, el hálito, el silencio antiguo. Puedes tocar la piedra. Como si su pálpito recorriera las venas ocultas de su esencia mineral. Es la vuelta al pasado por unos segundos.  
    
Diario de Mallorca, 11 de junio de 2005.
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