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Una avalancha destruye en Valldemossa una joya arqueológica

El alud no provocó heridos, aunque arrasó 200 metros de un bosque de encinas. Una de las piedras, de 100 toneladas, cayó sobre una finca


JAVIER JIMÉNEZ
El yacimiento de Son Matge, joya única de la prehistoria balear, ya es historia. Una avalancha de rocas sepultó este cementerio talayótico de Valldemossa, lugar de peregrinación para arqueólogos e historiadores. El enclave se encuentra ubicado muy cerca de la carretera de Vallemossa, a su paso por s'Estret, elevado sobre el bosque d'en Gotzó. A las 23.30 horas del martes, aproximadamente, un vecino llamó muy asustado al centro de emergencias del 112: «Mi casa acaba de temblar y no sé que ha pasado».

Otros residentes verificaron aquella información: «Hemos oído un estruendo y parecía que caía una montaña». Y no era en sentido figurado. Cerca de mil toneladas de rocas acababan de desprenderse de una imponente montaña, justo en el tramo del yacimiento de Son Matge. La Policía Local de Valldemossa se movilizó con rapidez y también acudieron hasta aquella finca efectivos del cuartel de la Guardia Civil de Esporles. Fue entonces cuando se encontraron con un espectáculo estremecedor: una roca de cinco metros de alto y seis de ancho, por diez de largo, ocupaba lo que minutos antes había sido un camino de acceso a una finca, junto al torrente de Valldemossa.

Los agentes no daban crédito a lo que veían. Y al alzar la vista e iluminar con potentes linternas la ladera de la montaña descubrieron que una franja de 200 metros del bosque d'en Gotzó, formado por encinas, había sido arrasado por la avalancha. Otras rocas, de menor tamaño, habían salido despedidas, causando daños cuantiosos. Pero no fue hasta que despuntó el día cuando se constató la magnitud del desastre. El yacimiento milenario de Son Matge ya no existía y cuatro familias habían quedado casi incomunicadas, ya que las piedras cubrían el camino de salida de sus fincas. «Lo más positivo es que no ha habido heridos, porque si esto hubiera ocurrido un fin de semana habría sido una tragedia», opinó uno de los policías municipales.

El funcionario se refería a que el peñasco destruido era muy frecuentado por escaladores. Incluso guardias civiles y bomberos, expertos en rescate en montaña, habían realizado prácticas en aquel risco. Sus condiciones eran idóneas para esta práctica y los vecinos recordaron ayer que había excursionistas que pasaban la noche «colgados de una de las paredes, durmiendo en sacos».

Biel Català, el propietario de uno de aquellos terrenos, se pasó la mañana ante la imponente roca que le impedía el acceso normal a su casa: «Escuchamos mucho ruido y al principio pensé que era una gran tormenta. Nos sabemos qué ha pasado, si ha sido la nieve de estas últimas semanas, el frío que resquebrajó las rocas o que el yacimiento estaba muy excavado, pero esto es un desastre». Su hijo Esteve tampoco salía de su asombro: «Parece mentira, un lugar con tanta historia y ahora de repente ha caído. Esto parecía un parque nacional, todo el día había gente paseando por aquí y excursionistas escalando aquellas paredes».

Diario Última Hora, 10 de febrero de 2005.
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1 comentario

Domingo Hernández -

Cuando no es el hombre, es la naturaleza quien se encarga de borrar las huellas del pasado, aunque cuando es la naturaleza la mano destructora normalmente no se puede evitar, en el caso del hombre sí, aunque generalmente no se quiere hacer.
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