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El hallazgo puede permitir reconstruir la cara de los antiguos pobladores

Si se encontrara ADN, podría saberse incluso de qué color tenían los ojos


C.M.
«Cuando ví que sobresalían unos cabellos de la tierra, pensé que habíamos tenido la suerte de encontrar otra vez uno de los escasos sitios que todavía se mantienen intactos en Menorca», afirma Pere Arnau, uno de los padres de la recién bautizada Cova des Pas.


Las excepcionales condiciones de clima que se dan en la sala -pese a encontrarse, objetivamente, mucho más desprotegida que sa Cova des Càrritx- hacen concebir grandes expectativas a los investigadores.


Según Arnau, «una cosa es saber qué utensilios utilizaban los antiguos pobladores de la isla, a partir del análisis de restos de materiales como cerámicas o bronces, o de los restos de piedra de los poblados talayóticos, y otra muy distinta, saber cosas sobre su persona física».


¿Qué es lo que puede hacer tan apasionante este descubrimiento? Sin duda, la posibilidad -elevada- de encontrar restos de ADN en los cabellos o en la materia orgánica. Un hecho que permitiría conocer los rasgos físicos de los antiguos pobladores, su procedencia o las enfermedades que pudieron padecer y que no dejan huellas en los huesos.


En Es Càrritx, no se pudo analizar el ADN, ya que los cabellos encontrados en el interior de unos recipientes de hueso habían sido cortados de raíz, como parte de un ritual funerario. En este caso, los investigadores tienen fundadas esperanzas de que los cabellos conserven sus raíces y que, por tanto, pueda estudiarse el ADN de las personas enterradas en la cueva. Pere Arnau aventura que «el estudio del ADN podría decirnos, por ejemplo, de dónde vinieron los primeros pobladores».


El espeleólogo admite que es «imprevisible» imaginar lo que puede encontrarse durante la excavación, «pero todo nos lleva a pensar que los restos estarán muy bien conservados». Arnau no descarta, incluso, que puedan existir restos momificados de seres humanos. Como ha ocurrido con la cara del faraón Tutankamon, que ha podido ser reconstruido por tres equipos internacionales de artistas y científicos forenses a partir de la técnica de las tomografías, plantear la posibilidad de reconstruir los rostros de los individuos enterrados en sa Cova des Pas no es, en absoluto, un asunto de ciencia-ficción.


«La posibilidad existe», admite Arnau. «En sa Cova des Càrritx fue posible conocer las enfermedades que padecían los pobladores a partir de las marcas que dejaron en los huesos o en la dentadura. Aquí podrá saberse mucho más, ya que no todas las enfermedades dejan su rastro en los huesos».


La existencia de ADN en los restos abriría enormes posibilidades a la investigación. «Entre otras cosas», asegura el espeleólogo, «podría decirnos cuál era el color de los ojos de estos antiguos pobladores».


La extraordinaria sequedad que existe en la cueva y la sorprendente estabilidad del microclima interno han facilitado la conservación de los restos, que han sobrevivido hasta hoy gracias a unas condiciones constantes de temperatura (unos 17 grados) y humedad (unos 66 grados).


Los enterramientos pertenecen a un mismo grupo de personas que, con toda probabilidad, habitaban en el asentamiento talayótico que existía a pocos metros de la cueva, y cuyos restos se conservan hoy.

Diario Última Hora Menorca, 13 de mayo de 2005.
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